PEDALEANDO AL SUR

Se me dificulta un poco escribir, hoy me caí dos veces de la bici, mis manos están medio tiesas. Aún así, el miércoles sigue siendo mi día favorito de la semana.

Cuando me levanté esta mañana mientras meditaba, me invadió el miedo de no llegar, planeaba mi día en la cabeza y estos pensamientos que paralizan trataban de hacerse lugar. Pero una vez más, el amor por lo que hago defendió la idea de rodar y todo saldría bien, ya estaba desde entonces intencionando mis acciones. Recordé lo que me digo siempre, mis piernas y mi causa no deben parar por miedo; si muero, por crudo que se lea, lo haré en lealtad a mis creencias y pedaleando. No es justo dejar de habitar el mundo porque lo que amamos es al tiempo lo que más inseguridad e incertidumbre constante nos provoca. Cuánta voluntad se necesita para movernos dentro de nuestro miedo sin dejar de actuar.

Tenia que vivirlo una y otra vez, la ternura de una niña en su balcón, de pijama blanca y pelo alborotado, diciendo: “mamá, ¡que lindo!”.

A sus 9 años vio 300 bicicletas juntas emanando ríos de risas, en su rostro curioso noté que quiso tener alas para volar de ese balcón y unirse.

Cinco niños, dos niñas, cuatro perros y 300 bicicletas llevadas por la ciudad y la noche. Estoy en esto hasta que pueda regresar sin miedo a casa, hasta hacer real ver a niños, abuelos y todos los que quieran habitando con sus cuerpos esta ciudad de día y de noche.

Qué bonitas personas nos trae la vida sobre ruedas, aprendí bien que el brillo en sus ojos no es igual al resto del mundo.

 Hoy y siempre, pasos para transformar.

Categories:

Leave a comment