Esta obra nació 5 años después del asesinato de un ciclista en Medellín.
No conocía personalmente a quien perdió la vida aquella noche, pero sí conocía la sensación de vulnerabilidad que compartimos quienes elegimos movernos en bicicleta por la ciudad.
Días después participamos en una movilización frente a la Secretaría de Movilidad organizada por el colectivo SiCLas. Nos reunimos para exigir respeto por la vida y recordar que detrás de cada cifra hay una historia, una familia y una ausencia imposible de reemplazar.
La bicicleta no debería costar la vida.
Retomé esa imagen y comencé a intervenir digitalmente, incorporando elementos que representaran la muerte, la fragilidad del cuerpo y la fuerza de una comunidad que se niega a normalizar la violencia en las vías.
Lo que comenzó como un registro documental terminó convirtiéndose en una pieza gráfica de denuncia y homenaje.
Rodar también es un acto de memoria.
Colectivos ciclistas se reunieron frente a la Secretaría de Movilidad para exigir acciones concretas que protejan la vida de quienes caminan, pedalean o utilizan medios de transporte sostenibles.
Una imagen dedicada a quienes ya no pueden seguir pedaleando y a quienes continúan ocupando las calles para que ninguna muerte sea vista como algo normal.
Las ciudades no deberían exigir valentía para moverse en bicicleta. La vida de una persona vale más que cualquier afán, cualquier motor y cualquier minuto ganado en el tráfico.